La Amanita rubescens, o amanita enrojeciente, es una de esas setas que, con un poco de conocimiento, puedes encontrar en muchos de nuestros bosques.
El hábitat habitual de la Amanita rubescens
Esta amanita es típica y muy frecuente en los bosques de planifolios, es decir, de árboles de hoja ancha y caduca. Robledales, castañares y hayedos son sus lugares clásicos. También se la puede encontrar, en bastantes ocasiones, asociada al pino silvestre en zonas de montaña. Es una seta micorrizógena, lo que significa que establece una relación simbiótica con las raíces de estos árboles, y de ahí saca su sustento.
Un hallazgo excepcional: la rubescens en pino piñonero
La curiosidad que quiero compartir hoy viene de un ejemplar que recolecté personalmente. Esta Amanita rubescens no apareció en un robledal, sino en un bosque de pino piñonero de costa. Y esto, os lo aseguro, es muy, muy raro, ya que el pino piñonero (Pinus pinea) no es su compañero habitual. Entonces, ¿qué hace ahí? La explicación, creo yo, hay que buscarla en la historia del terreno.
La hipótesis del bosque que cambia
Mi teoría es que esta zona, hoy un pinar, fue en su día un alcornocal. Posiblemente, a principios del siglo pasado, ese bosque de alcornoques se degradó, se quemó o simplemente murió. Más tarde, en las décadas de los 50 o 60, se repobló con pino piñonero.
La Amanita rubescens que originalmente micorrizaba con aquellos alcornoques, al ver desaparecer a su huésped, no tuvo más remedio que adaptarse para sobrevivir. Y lo hizo «agarrándose» a las raíces del nuevo inquilino, el pino piñonero. No es algo que tenga contrastado científicamente, pero lo he observado con otras especies y me parece una explicación plausible. El bosque tiene memoria, y los hongos son testigos de ello.
El ejemplo del Lactarius chrysorreus
Este fenómeno de adaptación no es exclusivo de la amanita. Ocurre algo muy similar con el Lactarius chrysorreus, un lactario de color dorado. Esta seta sale típicamente asociada a quejigos y alcornoques. Sin embargo, cuando estos árboles desaparecen y en la zona se establecen pinares, he comprobado que también es capaz de micorrizar con el pino, especialmente con el piñonero. Hoy mismo, en estos mismos pinares costeros donde encontré la rubescens, he visto varios ejemplares de este Lactarius, en áreas donde ya no queda rastro de los antiguos alcornoques.
Conclusión: buscando la amanita enrojeciente
En resumen, si buscas Amanita rubescens, tu primer destino deben ser los bosques caducifolios y de coníferas de montaña. Es ahí donde es verdaderamente común. Pero no descartes los pinares litorales, especialmente aquellos que sabes que tienen un pasado de bosque autóctono. Encontrarla allí será una rareza, pero un hallazgo que cuenta una historia de cambio y resiliencia en el ecosistema.
Si te interesa conocer más sobre setas que establecen relaciones complejas con árboles como el alcornoque, te recomiendo leer nuestra guía sobre las chantarelas en Los Alcornocales o este artículo sobre el imponente Agaricus augustus, otro habitante de estos bosques.
¿Has encontrado alguna vez una Amanita rubescens en un lugar inesperado? ¡Un saludo!


