Hoy, 27 de noviembre, mientras exploraba un alcornocal cercano a la costa de Tarifa con la esperanza de encontrar algunas cesáreas y otros hongos otoñales, me llevé una grata sorpresa. Aunque la búsqueda general fue escasa, el frío propio de finales de noviembre (algo que no era tan habitual años atrás) deparó un hallazgo excepcional. En una zona abierta del bosque, en una cara norte, encontré un magnífico ejemplar de Agaricus augustus.
El gigante entre los Agaricus
Esta seta es, sin duda, una excelente comestible y tiene una presencia notable en Andalucía, particularmente en la provincia de Cádiz. Su temporada se extiende desde bien entrado el otoño y, en mi experiencia, puede fructificar hasta que llegan los fríos más intensos del invierno, alrededor de Navidad. La suerte de este año fue encontrar un ejemplar en estado juvenil, completamente cerrado, donde ni siquiera se intuían las láminas.
Fijaos en el porte que tiene el Agaricus augustus: es el mayor de los Agaricus. Si se le deja desarrollarse y abrirse, puede alcanzar fácilmente los 20 centímetros de diámetro. Imaginaos la suerte de toparos en el bosque, entre la hojarasca, con dos o tres ejemplares de este tamaño. Con ellos, tenéis la cena resuelta.
¿Dónde y cuándo buscarlo?
Me pongo muy contento cuando lo encuentro en invierno. Suele aparecer de manera aislada o en pequeños grupos de uno o dos individuos, y tiende a repetir en el mismo lugar, por lo que anota la zona para visitas recurrentes. Su hábitat predilecto son los claros de bosque y, a veces, los lindes de los caminos, pero siempre con alcornoques o quejigos cerca.
En todos mis años de búsqueda, nunca lo he visto asociado a otros tipos de bosque no «seteros», como acebuchales, algarrobales o similares. Su asociación con el alcornoque y el quejigo es constante. Como especie saprófita, vive de la materia orgánica en descomposición. Una de sus características clave son sus láminas, de un rosa muy tenue que, al cortar la seta, se vuelven pardas con rapidez.
Un tesoro que muchos pasan por alto
Lo mejor de esta seta, además de su imponente tamaño y su calidad gastronómica, es que es relativamente poco común y, a menudo, pasa desapercibida. Mucha gente, al ver un «champiñón» tan grande en medio del bosque, lo deja atrás por desconocimiento. Es una lástima, porque se están perdiendo un manjar.
Su identificación es clara: es una seta maciza, con un sombrero fibriloso y escamoso, y un pie robusto de color blancuzco. Su porte inconfundible y su hábitat específico la hacen relativamente fácil de reconocer una vez que la conoces.
Conclusión: un regalo del invierno andaluz
El Agaricus augustus es uno de esos regalos que el invierno suave del sur de España nos ofrece. Su aparición, aunque no masiva, es siempre un motivo de alegría para el setero.
¿Habéis tenido la suerte de encontrar alguna vez este gigante comestible? ¿En qué condiciones y zona? ¡Compartid vuestras experiencias y anécdotas con el Agaricus augustus en los comentarios!


