La gula de monte de los alcornocales gaditanos y su final de temporada en Sierra Luna

El cierre de temporada en los alcornocales de Sierra Luna

En Sierra Luna, una zona montañosa de Algeciras en la provincia de Cádiz, la temporada micológica invernal va llegando a su fin a finales de marzo. Al revisar un pequeño setal de Craterellus tubaeformis, conocida habitualmente como gula de monte, se comprueba cómo se agotan los últimos brotes de este ciclo. Tras un empuje notable hace un mes que permitió recolectar un par de kilos en este mismo punto, ahora solo quedan ejemplares aislados. Las abundantes lluvias recientes, que han acumulado entre 350 y 400 litros en estas sierras, mantienen el terreno húmedo pero ya se nota el cambio de estación.

Este rincón es ideal para observar el comportamiento de las setas de invierno en los bosques isla de Cádiz cuando el frío empieza a retirarse.

El brezo y el alcornoque como hábitat esencial

Esta seta se desarrolla en zonas húmedas pero con buen drenaje, localizándose a media altura o en las zonas más elevadas de la sierra. Su presencia está estrictamente ligada al sotobosque de brezo, una asociación vegetal indispensable en las provincias de Cádiz, Málaga o Sevilla, donde fructifica bajo el dosel de los alcornoques. Es poco frecuente verla bajo quejigos, ya que este árbol no suele convivir con el sotobosque de brezo que requiere el hongo.

En el resto de España, la especie aparece vinculada a bosques de Pinus pinaster y Pinus sylvestris. Sin embargo, los ejemplares de los pinares del norte corresponden a una variedad más pequeña, menos aromática, de carne frágil y menor valor culinario. La savia del alcornoque y el invierno suave de las sierras gaditanas le otorgan una calidad diferencial, siendo la preferida por los chefs de cocina frente a las recolectadas en zonas tradicionales de la meseta.

El impacto del clima en las brotaciones

La influencia del cambio climático en los últimos diez o quince años está modificando la distribución de los setales en la península. Los inviernos menos rigurosos y la escasez de nieve persistente han propiciado que esta especie, que tolera muy bien las bajas temperaturas, prospere en los meses de enero y febrero en provincias de Castilla y León como Soria o Palencia, un escenario impensable hace un cuarto de siglo.

En el sur, la temporada se inicia en fechas navideñas si la meteorología acompaña y concluye a finales de marzo. Requiere una humedad ambiental muy alta, ausencia de viento desecante y precipitaciones continuas. Su micelio es muy superficial, desarrollándose en los primeros tres centímetros del suelo, lo que hace que los ejemplares se extraigan con extrema facilidad, apareciendo a menudo adheridos a las hojas caídas de los árboles. Para aprender más sobre sus querencias en otros hábitats, es útil repasar las pautas sobre dónde buscar la gula de monte: pinos, suelos y secretos de recolección.

La constancia de estos setales es asombrosa, volviendo a producir cada año en los mismos puntos si los factores climáticos son favorables. Mientras que el ciclo de 2023-2024 fue completamente estéril debido a la sequía y la falta de nubosidad, la temporada actual, pese a no ser excelente, ha mantenido una humedad constante desde octubre con abundantes días cubiertos y frescos que han permitido salvar el año micológico.

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