El olivar ha sido tradicionalmente, durante el siglo veinte, un cultivo en el que se ha usado una gran cantidad de pesticidas, fungicidas y productos químicos para abonar el suelo. Si a eso le sumamos la costumbre de labrar y limpiar completamente la tierra, el resultado era que las setas que aparecían en estos terrenos eran muy escasas, tanto en variedad como en cantidad.
La cosa ha cambiado bastante en los últimos veinte años. La evolución hacia la agricultura ecológica y los nuevos marcos de plantación, mucho más estrechos (marcos intensivos o superintensivos donde los olivos crecen en hileras), han transformado el panorama. Además, las normativas de la Comunidad Europea ahora obligan a que los restos de la poda no se quemen, sino que se trituren y se dejen sobre el terreno como cubierta vegetal. Esto sirve de protección para el suelo contra la erosión, pero además ha provocado que la cantidad de materia orgánica, microorganismos, levaduras y hongos aumente de forma notable.
Un ecosistema que revive
Hoy en día, muchos olivares andaluces ya son ecológicos o están en pleno proceso de transición. Al haber más vida en la tierra, la biodiversidad de hongos ha subido un montón, igual que la presencia de plantas silvestres. En relación con esto, tras haber observado El inicio de la temporada de colmenilla en Málaga, se nota que estos terrenos llanos o de loma empiezan a comportarse como pequeños bosques artificiales.
Hoy es 23 de marzo de 2025 y estamos teniendo un mes de marzo muy lluvioso en Andalucía, y también muy frío. Para que os hagáis una idea, la temperatura máxima que hemos registrado hoy es de solo 9 grados, y nos encontramos en una zona situada a unos 400 metros de altitud. El campo está completamente verde, aunque todavía se ven pocas flores porque llevamos prácticamente veinte días sin ver el sol.
Las especies que están brotando
Hemos estado investigando estos olivares y la verdad es que nos hemos llevado sorpresas agradables con bastantes especies de setas. Estos últimos días de lluvias continuas han traído un brote majo de Agaricus campestris (el champiñón silvestre de toda la vida). También nos hemos topado con la Lepista personata (el pie violeta) y con la Lepista nuda (el pie azul).
Aparte de estas, se dejan ver algunos ejemplares del género Clitocybe y varias hifolomas (setas del género Hypholoma) que crecen justo encima de los restos de madera de la poda triturada que queda en el suelo. Es curioso ver cómo la madera en descomposición genera tanta vida.
Entre los olivos también se encuentran ahora muchos espárragos silvestres y un sinfín de plantas herbáceas que cubren las calles del cultivo. Eso sí, dentro de poco estas hierbas serán desbrozadas o labradas. Esto se hace para evitar que, al llegar la primavera, estas plantas consuman el agua del subsuelo que el olivo va a necesitar para engordar la aceituna durante el verano.
Al final, estos olivares ecológicos actúan como auténticos bosques artificiales llenos de biodiversidad. Si tenéis la oportunidad de pasear por uno de ellos que esté libre de químicos, buscad bien, porque seguro que os encontráis una buena cantidad de setas listas para recolectar y disfrutar.

