Los quejigos (Quercus canariensis) de la provincia de Málaga, concretamente en la zona de Gaucín a unos 800 metros de altitud, producen ejemplares de chantarela (Cantharellus subpruinosus) de un tamaño fuera de lo común durante la primavera. Aunque en inviernos muy templados también se pueden dejar ver, en esta altitud tan considerable lo habitual es encontrarlas brotar con fuerza durante los meses primaverales.
En una jornada de campo del pasado 10 de mayo de 2025 pudimos comprobar el tamaño que alcanzan en este hábitat. Incluso un ejemplar que todavía se encontraba en un estado de crecimiento bastante joven presentaba un pie que medía fácilmente un dedo y medio o dos de grosor. Si se deja madurar un poco más en condiciones normales, este tipo de seta llega perfectamente a pesar entre 180 y 190 gramos. Ya lo habíamos observado en otras ocasiones en la zona, como cuando buscábamos La Cantharellus subpruinosus de Cortes tras la lluvia, pero lo de este quejigal es un caso sobresaliente.
El misterioso empuje del quejigo
Hay algo en el quejigo andaluz que otorga este empuje tan particular para el desarrollo de las setas. No se sabe con certeza si es la calidad de su savia, el abrigo constante de la hojarasca que protege el suelo o la cobertura de las hojas nuevas, que en pleno mes de mayo ya lucen un color verde precioso. El caso es que el tamaño de las chantarelas aquí siempre supera al de las capturas que se realizan bajo otros árboles, como los alcornoques o las encinas.
Un recuerdo para Chencho
Esta seta tan especial va dedicada con todo el corazón a la memoria de mi gran amigo Chencho, que nos dejó el pasado otoño. Él era un gran setero de Burgos, de Pinilla de los Barruecos, un rincón de la meseta donde pasé muchas jornadas inolvidables con él buscando boletus y níscalos. Además de un rastreador incansable de los montes, Chencho era una persona extraordinaria. Va por ti, compañero, descansa en paz.


