Paisaje del parque d elos Alcornocales en Algeciras

Balance del otoño de 2025 y previsiones para las setas de invierno

El otoño de 2025 ha cerrado como el peor de los últimos treinta años, y eso lo puedo asegurar sin lugar a dudas. Las especies termófilas no aparecieron prácticamente en toda la campaña, y las setas comestibles habituales de otoño tardío y principios de invierno tampoco han dado la cara en los montes. De níscalos y chantarelas apenas hemos visto nada reseñable.

Con el níscalo hemos tenido recolecciones de dos, tres o cuatro kilos por jornada, lo cual para esta especie es bien poco. En el caso de la chantarela, la situación ha sido todavía más floja, dándose solo en rodales muy concretos mientras que el noventa por ciento de los bosques no ha producido prácticamente nada. Ha sido una campaña desastrosa.

El exceso de agua y la invasión de setas venenosas

Las precipitaciones comenzaron tardíamente, casi a finales de octubre, pero han continuado con fuerza. Hemos pasado un noviembre y un diciembre de lluvias constantes en el Parque de los Alcornocales y sus zonas aledañas. Ahora mismo el suelo se encuentra completamente saturado de agua, al cien por cien de su capacidad, por lo que hace falta que pare el temporal y la tierra drene para ver qué ocurre en una o dos semanas.

Andando por el monte llama la atención la gran cantidad de Lactarius chrysorrheus que ha brotado, tanto en los pinares como bajo los alcornoques. Cuando este hongo tóxico aparece en alfombras tan extensas, suele coincidir con la ausencia de especies comestibles. Habrá que esperar si su micelio va desapareciendo y la fuerza del micelio de la chantarela toma el relevo, algo habitual dada la resistencia de la chantarela en el invierno gaditano.

Frío nocturno y perspectivas de las especies tardías

Otro problema añadido son las temperaturas. Después de muchos años sin registrar estas bajadas tan marcadas, las mínimas y las máximas han caído con fuerza. En la zona norte de Los Alcornocales la temperatura del suelo ya ha descendido de los siete u ocho grados, un límite por debajo del cual la chantarela no llega a fructificar.

Quizá podamos salvar algo con la trompeta negra y la conocida gula de monte de los alcornocales gaditanos. Ya he localizado algunos ejemplares de Cantharellus lutescens y Cantharellus tubaeformis en los pocos rincones que frecuentan por aquí, aunque de momento asoman con un tamaño diminuto. Tocará seguir de cerca la evolución del terreno conforme pasen los días de enero.

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