El níscalo es una seta clásica en nuestras latitudes cuando llega el mes de diciembre y primeros de enero. Seguro que habéis escuchado más de una vez a gente del campo o a veteranos decir aquello de: «En este pinar antes se cogían níscalos a esportones y ya hace años que no sale ni uno». Enseguida se le echa la culpa al cambio climático, a las temperaturas o a que ya no llueve como antes, pero los tiros no van por ahí.
La edad de los pinares
El níscalo es un hongo micorrícico asociado al pino de forma principal, aunque a veces pueda verse vinculado a la jara o al madroño, pero muy raramente. Lo que pasa con este hongo es que fructifica de una manera precoz en las masas forestales. Los mejores sitios níscaleros que conozco son pinares de pino silvestre (Pinus sylvestris) que no pasan de los treinta o cuarenta años. Pinares jóvenes, de esos donde tienes que andar agachado en muchos tramos porque las ramas están todavía bajas y los níscalos asoman justo debajo tapados por la pinocha.
La cuenta es bien sencilla. Si un aficionado con treinta años iba a un pinar a llenar cestas y ahora tiene sesenta, aquel monte ya no tiene cuarenta años, sino setenta u ochenta. Y la producción de níscalo va decayendo a medida que el pinar envejece. En pinares ya muy viejos, la presencia de la seta disminuye en picado.
El problema de las repoblaciones
Esto se nota bastante en toda España y en particular en la provincia de Cádiz. Ya no se hacen repoblaciones de pinos; la gestión forestal actual apuesta por introducir especies autóctonas. Aquí el pino piñonero no se considera especie autóctona para estas labores, así que los pinares existentes van sumando años sin renovación. Con cada temporada que pasa son árboles más viejos y las cosechas van menguando año tras año, algo que también influye al buscar otras setas de invierno en los bosques isla de Cádiz.
El fuego y las pimpolladas
¿Cuándo podemos volver a tener buenas floradas? Paradójicamente, tras una perturbación fuerte. Hace unos cinco años hubo un incendio cerca, en la sierra de Estepona, un terreno de peridotita donde casi no hay tierra, solo roca desnuda. El pino resinero (Pinus pinaster) es de los pocos árboles capaces de prosperar en esa piedra.
Al quemarse el pinar, el calor hace que las piñas se abran de golpe y liberen todos los piñones. Se produce lo que conocemos en el monte como una pimpollada, una germinación masiva donde nacen miles de pinos a la vez. Muchos se quedarán por el camino y morirán por la competencia, claro, pero otros muchos saldrán adelante. Cuando pasen diez, quince o veinte años, ese pinar volverá a situarse en esa franja de veinticinco, treinta o cuarenta años. Entonces la sierra volverá a cargarse de níscalos con total seguridad, al igual que anduvimos por Estepona buscando otras especies. Con la edad que tengo no sé si llegaré a verlo, pero si me cuadra estar por allí, seguro que os lo contaré por aquí.


