La temporada de la colmenilla de este año 2025 en los olivares de la provincia de Málaga ha llegado a su fin. Las perspectivas que teníamos eran excelentes, pues había llovido del orden de 200 a 300 litros en los campos de olivos. Con semejante cantidad de agua, lo normal era esperar una brotación generosa. Además, las temperaturas posteriores se mantuvieron estables, un poco frías, lo que suele favorecer el proceso.
Un comportamiento inesperado en el terreno
A pesar de estas condiciones aparentemente ideales, los días fueron pasando tras las últimas lluvias y la gran eclosión no llegó a producirse. La naturaleza tiene estas cosas y no siempre responde a lo que marcan los pluviómetros. Este año las colmenillas, pertenecientes al género Morchella, solo han aparecido en lugares muy concretos y bajo un patrón muy definido.
Esta escasez contrasta con lo que solemos encontrar al buscar setas en el olivar en otras temporadas. En años anteriores, estos hongos brotaban en los lugares donde se acumulaban los restos de la poda, en zonas de tierra completamente batida y sin vegetación, o incluso en las parcelas donde se aplica el alpechín (el residuo líquido de la aceituna) como abono para el suelo. En esta campaña, sin embargo, el único refugio donde se han dejado ver ha sido bajo los olivos que contaban con una densa manta de hojas secas en el suelo.
La impredecible respuesta de la naturaleza
Resulta llamativo comparar estos resultados con la experiencia del año anterior. En la campaña pasada llovió cuatro o cinco veces menos que en esta y, paradójicamente, disfrutamos de una temporada buena con una presencia notable de ejemplares en ecosistemas de lo más diversos.
Así es la naturaleza, caprichosa y ajena a nuestros cálculos meteorológicos. Nos quedamos con el aprendizaje de un año complicado en el olivar malagueño y con la certeza de que en el monte nunca hay dos temporadas iguales.

