El 16 de noviembre estuve andando por un alcornocal de montaña a unos 600 o 700 metros de altitud, en la parte malagueña del Parque Natural de Los Alcornocales. Hacía ya bastante frío por esas laderas y parece que va a entrar más en los próximos días.
Pocas setas y frío en la sierra
La situación en el monte sigue la misma tónica: no se ven setas. No hay prácticamente rúsulas ni lactarios, de hecho no vi ni uno solo en toda la caminata. Solo asoman algunas setas pequeñas de madera, algunos ejemplares de Marasmius y algunos Hypholoma, pero setas de micorriza apenas nada.
Lo único que dio la cara fue el Boletus aereus. Pude recoger diez o doce ejemplares sanos y dejé en el suelo otros siete u ocho que el agua ya había echado a perder del todo. Lo bueno del fresco y de tanta agua es que no tienen gusano y tampoco han aparecido babosas, salieron piezas limpias, aunque muy poca cantidad. Ya nos temíamos una temporada mala y hoy ha quedado confirmado. En un año normal habríamos llenado el canasto con muchos kilos, pero esta vez nos volvimos con casi nada. Ya se sabe lo delicada que es la temperatura en la brotación del Boletus aereus cuando el otoño no viene templado.
Aparición tardía del Boletus permagnificus
En la misma zona también asomó algún Boletus impolitus y una sorpresa que no esperaba ver a estas alturas: un boleto rojo muy termófilo, el Boletus permagnificus. Esta especie necesita calor y poca agua, lo normal es verla a finales de septiembre o principios de octubre, pero el tiempo anda revuelto y ha brotado ahora.
Apareció en ramillete, con varios pies unidos creciendo de forma fascicular, con su tono morado y ese porte algo deforme que lo caracteriza. Mañana intentaré entrar a un alcornocal costero donde el termómetro marque algún grado más, a ver qué ha dejado el agua de estos últimos cuatro días.

