Cesta de boletus

Por qué la primavera nos ha dejado sin boletus

La primavera es esa época en la que las temperaturas empiezan a subir y el género Boletus suele asomar la cabeza en nuestros montes. Hay zonas en las que brotan con fuerza, sobre todo en el sur de España durante los meses de abril y mayo, y más hacia el norte en mayo, junio e incluso julio en la zona del Pirineo. Sin embargo, este año la situación ha sido muy diferente a lo que muchos esperaban.

Las falsas expectativas de las redes sociales

Si uno repasa las redes sociales o ve los vídeos que se publicaban en mayo o principios de junio, todo el mundo auguraba una temporada histórica de boletus. Yo me temía que no iba a ser así y al final el tiempo me ha dado la razón. No es por tirarme flores, sino por los muchos años de experiencia que llevo a las espaldas. En esto de la micología, la experiencia es fundamental; una persona de noventa años sabe más de setas que una de cincuenta, y una de cincuenta sabe más que una de veinte, simplemente porque cada año en el monte es un mundo completamente distinto.

El exceso de agua y la falta de estrés hídrico

Hemos tenido una primavera lluviosa y fría. Los boletus necesitan que se alineen varios factores para fructificar, y uno de los más importantes es el shock hídrico, un cambio drástico en las condiciones de humedad del suelo. Para entender cómo influyen estas variaciones, viene bien recordar el secreto de la temperatura en la brotación del Boletus aereus, donde se ve claro que los termómetros y la humedad deben ir de la mano.

Otro factor crucial es que el sustrato no esté encharcado. En casi toda España, los primeros diez centímetros de tierra han estado completamente saturados de agua debido a las constantes precipitaciones de marzo, abril y mayo. Cuando por fin llegó la temperatura ideal para ellos, que se retrasó hasta mediados de mayo en el sur y mediados de junio en el norte, la tierra estaba tan empapada que no se produjo ningún estrés hídrico. El micelio, al no sentir ese cambio, no fructificó. Las primaveras más secas suelen dar cosechas más abundantes por este motivo: si no llueve en abril y el suelo se seca durante treinta o cuarenta días, una buena tormenta a mediados de mayo provoca un estímulo perfecto para que los boletus broten con fuerza a finales de mes o principios de junio.

El caso particular del boleto pínicola

Esta regla de la humedad y el choque hídrico se aplica a casi todos los boletus, excepto al pínicola (Boletus pinicola). En su caso, el choque térmico e hídrico no es tan determinante porque es una seta que pasa de tierra fría a tierra caliente, y no al revés. El factor limitante que ha arruinado la brotación del Boletus pinicola en el norte de España ha sido el encharcamiento del suelo.

Zonas productoras de Soria, los Pirineos o las caras norte del Sistema Central han tenido el sustrato completamente encharcado hasta prácticamente el diez o doce de junio. No hubo tiempo material para que la tierra se secara un poco, se refrescara y volviera a recibir el estímulo adecuado. A partir de esa fecha, las temperaturas subieron de golpe de forma muy brusca, secando el terreno sin dar opción a que el micelio despertara.

La excepción de la chantarela

Esta nefasta campaña ha afectado a casi todos los géneros de boletus de primavera, como el Boletus reticulatus, el Boletus aereus o el propio pínicola. En cambio, las que sí han tenido una temporada excelente han sido las chantarelas. A esta especie no le perjudica tanto que el suelo esté tan empapado, como ya se ha comprobado en otras ocasiones al observar la capacidad de resistencia de la chantarela frente a las lluvias de Cádiz. Ha sido una primavera de contrastes en el monte, donde la abundancia de agua que algunos celebraban antes de tiempo ha terminado por ahogar la campaña de boletus.

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