La trompeta negra en los montes de Cádiz: el tesoro del pleno invierno

En pleno invierno da una alegría tremenda empezar a coger la trompeta negra (Craterellus cornucopioides) en la provincia de Cádiz. Nuestra tierra es la última de España en producir esta seta por estar más al sur y contar con temperaturas más cálidas. Esta especie necesita dos factores determinantes: precipitaciones abundantes y recurrentes, y una ausencia clara de calor.

Por esa razón, como muy pronto, las primeras brotaciones considerables aparecen para el puente de la Inmaculada, a primeros de diciembre. Antes se puede ver algún ejemplar suelto, pero la fructificación fuerte se da entre el 15 de enero y el 15 de febrero. Ya en marzo la producción empieza a caer y, a mediados de ese mes, en cuanto llegan los primeros días con más de 20 o 22 grados, desaparecen con rapidez.

Zonas de umbría y cortados

La trompeta negra suele ser bastante fiel a sus setales año tras año. Si la temporada viene buena pueden abrirse micelios nuevos en otras zonas, pero por lo general repite en los mismos puntos. Hay que buscarla en laderas orientadas a cara norte, musgueras, pedregales con musgo y suelos compactos. Los terrenos arados, las zonas hozadas por jabalíes o las torrenteras de agua no son lugares propicios.

Suele instalarse en pendientes medias y pronunciadas. No le afectan los cortados; de hecho, muchas veces se esconde dentro de los agujeros de los propios taludes y cuesta verla, porque apenas asoma un trozo de sombrero y todo el cuerpo queda metido dentro de la oquedad. Estas que os enseño las recogí el 9 de enero de 2026 en la sierra situada entre Algeciras y Tarifa. No es una sierra muy setera en líneas generales, pero cuenta con rincones localizados donde las lluvias no fallan: el mismo día de la salida no llovía en la costa y arriba cayeron más de 30 litros.

Diferencias de producción y recolección

El porte habitual ronda los 7 u 8 centímetros, aunque no es raro dar con ejemplares grandes de 10, 12 o hasta 15 centímetros. En el norte peninsular, en los hayedos de Burgos y La Rioja o en Cataluña, se dan floradas otoñales de gran volumen. Por el sur la cosa es más modesta. Se encuentran pequeños corros salteados, por lo que juntar un kilo en Cádiz es algo que pocos seteros consiguen de forma habitual. Las cestas de tres o cuatro kilos quedan para ocasiones excepcionales tras muchos años pateando el monte.

En nuestra zona fructifica asociada a alcornoques y quejigos, mientras que en el prelitoral catalán se localiza bajo encinas y en el resto del norte en hayedos. Se trata de una de esas setas que compensa buscar por su gran calidad en la cocina, con un aroma penetrante que luce en platos como este bacalao fresco con trompeta negra y langostinos de Sanlúcar.

Conservación sencilla y final de temporada

Lo que no se gasta en fresco tiene la ventaja de secarse con mucha facilidad. Basta con limpiarlas bien, rasgarlas por la mitad o en tres partes y colocarlas sobre un cartón o papel en un lugar aireado, tal y como explicamos en este artículo. En invierno, si sale un rato de sol suave, se deshidratan rápido sin estropearse. Guardadas después en un tarro de cristal hermético aguantan perfectamente un año entero conservando todo su perfume.

El invierno sigue avanzando y poco a poco asoman también las primeras Cantharellus tubaeformis y algunas lenguas de vaca. La chantarela, con las bajas temperaturas que estamos teniendo por la provincia durante este enero, se hará esperar un poco más y tocará aguardar hasta febrero, cuando ya empiece a asomar el tiempo primaveral por aquí.

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